LA TRANSPARENCIA EN LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS

México entró a la era de la transparencia hace 15 años mediante una serie de cambios estructurales:

Con estos avances se logró reducir la opacidad y la discrecionalidad de muchas decisiones públicas. En varios ámbitos casi se logró resolver el problema de la cantidad de la información pero no el de la calidad.

"Transparencia" significa "ver a través de un objeto" o "permitir que se vea algo sin dificultad". La transparencia es una cualidad referida a la ausencia de impedimentos para conocer la motivación de los actos.

La transparencia es esencial para conocer el desempeño y los resultados de todo el servicio público. Si la sociedad o sus representantes cuentan con información sobre lo que se hace en las oficinas gubernamentales y los resultados que obtienen, entonces el escrutinio público se convierte en un incentivo a los funcionarios y empleados para entregar buenas cuentas, amén de la obligación legal a su cargo; transparencia por convicción y por obligación.

Por virtud de las reformas emprendidas en la década pasada, en México, el término "transparencia" se asocia con "acceso a información" ya que ésta es indispensable para "ver a través de los datos" si las dependencias están cumpliendo sus responsabilidades. Pero hoy con la reforma constitucional recientemente aprobada, se ha evolucionado a ver la transparencia como un derecho humano.

Los derechos humanos se erigen como la expresión de necesidades básicas que son defendibles frente al poder y otorgan a las personas un papel emancipador frente al Estado, al imponerle a éste dos grandes clases de obligaciones: las primeras de tipo negativo, es decir, las autoridades tienen una serie de prohibiciones de interferir en tales necesidades de las personas; y las segundas de tipo positivo, que en otras palabras, son obligaciones de hacer.

Con base en la reforma constitucional recientemente publicada, la transparencia desde la visión de los derechos humanos consiste, primero, en poner al alcance de la población información que permita efectuar un escrutinio exhaustivo sobre el origen y el destino del dinero público, de las decisiones sobre las políticas públicas, y sobre los resultados y el desempeño de cualquier oficina gubernamental; en segundo lugar, en evitar la opacidad, la discrecionalidad y la interferencia sobre el conocimiento del quehacer público.

El principio constitucional detrás de la reforma en materia de transparencia no se traduce en publicar documentos con abundantes cifras, datos y estadísticas, sino en demostrar que el gobierno, no importa el orden ni el ámbito de responsabilidad, procede conforme a las prioridades de la sociedad y que, al hacerlo, el Estado cumple con su mandato que es el desarrollo nacional y el bienestar social.

Poner esta información al alcance de la gente y que haya instancias garantes del cumplimiento de esta obligación, se ha vuelto una necesidad esencial de las sociedades, un requisito fundamental de la democracia contemporánea. Está demostrado que en la medida que la gente está mejor informada sobre los asuntos públicos, mejora la calidad de la democracia porque ésta tiene mayor discernimiento para elegir, premiar y castigar a sus representantes así como para exigir mejores cuentas, todo lo cual, redunda en un beneficio directo en la calidad de vida. Por eso el derecho a la información es un derecho humano.

Con base en los mandatos y principios constitucionales antes señalados, es claro que el Senado de la República está obligado a publicar e informar a la población sobre el proceso de planeación, programación, construcción y entrega-recepción del nuevo edificio Sede, sin importar si esa información se encuentre protegida bajo el secreto bancario, fiscal o fiduciario, puesto que el principio constitucional que prevalece sobre todo es el de máxima publicidad (consúltese el dictamen de la reforma constitucional aquí ).

Al publicarse el expediente antes referido, se sumarán miles de ojos fiscalizadores al proceso de entrega-recepción para que éste llegue a buen puerto, y se valore en su justa dimensión esta obra.